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Vida de Oración

 

Para perseverar en la vida religiosa y “dar frutos”, sabemos que es fundamental la oración.

Saber que Jesús es verdadero Dios nos debe mover a practicar las virtudes de la trascendencia: fe, esperanza y caridad, a dar importancia insustituible a la vida de oración y a la necesidad de las purificaciones activas y pasivas del sentido y del espíritu.[1]

Sobre todo, se funda la comunidad en una vida espiritual intensa[2]: la Misa diaria, la adoración al Santísimo Sacramento, el rezo de la Liturgia de las Horas, la Liturgia Penitencial semanal[3], el capítulo semanal, el rezo diario del Santo Rosario y del Ángelus/Regina Coeli, el Vía Crucis, el uso del escapulario, etc.[4]

 

 

 

 


[1]Cf.SSVM Constituciones 40

[2]Cf. CIC, c. 663.

[3]Cf. CIC, c. 630.

[4]Cf.SSVM Constituciones 136