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Primera Evangelización

MISIÓN "AD GENTES"

La misión que la Iglesia recibió por medio de los Apóstoles es una misión universal que no conoce confines y que concierne a la salvación en todos sus aspectos, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer. Ante todo, se da la actividad misionera que llamamos misión "ad gentes" y que se trata de una actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida. En efecto, la Iglesia "no puede sustraerse a la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos -y son millones de hombres y mujeres- no conocen todavía a Cristo, Redentor del hombre"[1].

Por eso como Familia Religiosa queremos hacer nuestro el mandato de Cristo de "ser sus testigos hasta el último confín de la tierra"[2] .

"Existen todavía grandes áreas en que las Iglesias locales o no existen en absoluto o son insuficientes con respecto a la extensión del territorio y a la densidad y variedad de la población; queda por realizar un gran trabajo de implantación y desarrollo de la Iglesia. Esta fase de la historia eclesial, llamada plantatio Ecclesiae, no está terminada; es más, en muchos agrupamientos humanos debe empezar aún. La responsabilidad de este cometido recae sobre la Iglesia universal y sobre las Iglesias particulares, sobre el pueblo de Dios entero y sobre todas las fuerzas misioneras. Cada Iglesia, incluso la formada por neo-convertidos, es misionera por naturaleza, es evangelizada y evangelizadora, y la fe siempre debe ser presentada como un don de Dios para vivirlo en comunidad (familias, parroquias, asociaciones) y para irradiarlo fuera, sea con el testimonio de vida, sea con la palabra"[3].

“El número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión”[4]  [5].

El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos. No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo ‘anhelo de santidad’ entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores más íntimos de los misioneros”[6]. “El misionero ha de ser un ‘contemplativo en acción’ que haya respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios mediante la oración personal y comunitaria”[7] [8].

 

 

 

 

 

 


[1] Christifideles Laici, 35.

[2] Hch 1,8.

[3] Redemptoris Missio, 49.

[4] Carta encíclica Redemptoris missio, 3.

[5] Directorio de misiones ad gentes, nº 20.

[6] Carta encíclica Redemptoris missio, 90.

[7] Carta encíclica Redemptoris missio, 91.

[8] Directorio de misiones ad gentes, 201.