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Nuestro Carisma

Our Charism

El carisma es la gracia necesaria para poder llevar a cabo el fin específico que el Espíritu Santo inspiró al fundador.

Nuestro carisma propio implica  «la gracia de saber cómo obrar, en concreto, para prolongar a Cristo en las familias, en la educación, en los medios de comunicación, en los hombres de pensamiento y en toda otra legítima manifestación de la vida del hombre. Es el don de hacer que cada hombre sea “como una nueva Encarnación del Verbo”[1], siendo esencialmente misioneros y marianos[2].» 

Por lo tanto, «todos sus miembros deben trabajar, en suma docilidad al Espíritu Santo y dentro de la impronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente humano, en las situaciones más difíciles y en las condiciones más adversas.[3]»

«Por eso, la misión, recibida del fundador y sancionada por la Iglesia, es llevar a plenitud las consecuencias de la Encarnación del Verbo, que es el “compendio y raíz de todos los bienes” (S. Juan Crisóstomo), en especial al amplio mundo de la cultura, o sea a la “manifestación del hombre como persona, comunidad, pueblo y nación” (Juan Pablo II).[4]»

 

 


[1] ¡Oh, Dios mío Trinidad a quien adoro! Obra traducida al castellano por Rosa P. de ORTÚZAR, Santiago de Chile, 1927, pag. 21-23.. La obra, que recopila los escritos de Sor Isabel de la Trinidad, es de un monje del Monasterio de San Benito de Maredsous, Francia, 1925.

[2] SSVM, Constituciones 31.

[3] SSVM, Constituciones 30.

[4] SSVM, Constituciones 32.