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Misiones Populares

La Misión popular es una forma sencilla de predicar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a todo el Pueblo de Dios. Es el cumplimiento del mandato misionero de Cristo: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará"[1].

El fin de la Misión popular se desprende del mandato misionero de Cristo y está muy bien expresado por San Luis María Grignion de Montfort que la señala como una "renovación del cristianismo en los creyentes", y también por San Alfonso María de Ligorio, quién dice que “la finalidad de las misiones, es la conversión de los pecadores".

El Beato Juan Pablo II enseña que la Misión popular "es eficaz cuando... impulsa a la conversión, esto es, al retorno a la verdad y a la amistad de Dios a aquellos que habían perdido la fe y la gracia con el pecado, llama a una vida más perfecta a los cristianos rutinarios, enfervoriza a las almas, convence para vivir las bienaventuranzas, suscita vocaciones sacerdotales y religiosas"[2].

El principio que rige toda la actividad misionera de nuestra Familia Religiosa, como su fundamento, por ser revelación de la voluntad salvífica de Dios, es la regla que San Pablo formuló a su discípulo Timoteo, obispo y misionero: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la Verdad"[3].

Por eso, los misioneros de la Familia del Verbo Encarnado convencidos de que Dios no ha predestinado a nadie a la condenación eterna, queremos poner todos los medios ordinarios y extraordinarios para que todos los hombres alcancen la salvación por Jesucristo, único Salvador, hasta el punto de poder decir con San Luis Orione: "Colócame, Señor, en la boca del Infierno, para que yo por tu misericordia, lo cierre".

 

 

 


1 Mc 16,15-16.

2 Beato Juan Pablo II, Misiones al pueblo para los años 80», 4.

3 1 Tim 2,4